iví cuatro años en el Saltillo y muchísimas veces recorría la carretera federal 57 con rumbo al norte, a Nueva Rosita y nunca me había detenido a observar con detalle el entorno de las sierras del sureste en éste tramo carretero, sierras tan cercanas como áridas. Paisaje de sobria belleza norestense.

Hasta que nació en mí el interés por descubrir y encontrar las antiguas expresiones de los naturales de nuestra región fue que me detuve a observar, cuando el desierto me mostró las señales de mi origen grabadas sobre rocas a manera de diario lítico.
No sabía de la riqueza arqueológica que poseía mi región, no había tenido la oportunidad de ser llevado de la mano por la naturaleza a descubrir nuestra historia ahí escondida entre las rocas.

No fue sino hasta que el investigador Rufino Rodríguez me compartió la ubicación de algunos sitios arqueológicos en la carretera federal 57, entre ellos el de los Puentes Cuates.
Él ya ha explorado y registrado esa vasta área del sureste de Coahuila en busca de vestigios de nuestros antepasados.
La zona sur del estado de Coahuila es una de las más ricas en petroglifos en el noreste de México, fueron grabadas por integrantes de naciones* de nómadas en tiempos ya pasados, muchas veces registrando ocupaciones humanas durante varios miles de años, y nos podemos dar cuenta de eso por la calidad del grabado.

La pátina del grabado en la roca nos da una idea de la antigüedad del mismo.

Éstos grabados son una ventana a la cosmovisión del nómada: qué sentían, qué temían, qué comían, qué los rodeaba, qué los maravillaba, qué buscaban… y aunque muchos grabados son abstractos y de difícil comprensión, hay algunos otros que podemos saber aún hoy su significado gracias al lenguaje universal de la gráfica.

*De acuerdo al Dr. James M. Rubenstein (Univ. de Miami, OH), una Nación es un conjunto de personas ocupando una porción de territorio que tienen un gran sentido de unidad basado en creencias compartidas y características culturales afines.
Dentro de esas zonas arqueológicas, una de mis favoritas es la de Los Puentes Cuates, ya que es diferente a otras lomas con grabados que haya visto anteriormente.

Los petroglifos están restringidos a una pequeña lomita de muy baja elevación, unos 5 metros aproximadamente como altura máxima, y una longitud cercana a los 260 metros, es muy pequeña en realidad pero la densidad de petroglifos es realmente notable. Éstos empiezan a muy pocos metros de la carretera donde a pocos pasos podemos encontrar vestigios de nuestros antepasados nómadas.

La zona arqueológica se encuentra en el Km. 68 de la carretera federal 57 tramo Monclova-Ramos Arizpe, muy cercana al caserío llamado El Forlón. El conjunto de sierras al que pertenece ésta lomita tienen una zigzagueante dirección sur-norte y pertenecen al ramal de la Sierra Madre Oriental.
Salimos de la Región Carbonífera muy tempranito al amanecer con dirección al sur del estado, queríamos aprovechar la tímida luz del sol en el horizonte matinal para captar grabados que sería imposible fotografiar cuando al sol lo tienes en contra.

Después de cruzar el imponente puerto de La Muralla, podemos notar la diferencia en la vegetación… una vez que lo cruzas te internas en el árido desierto en una casi interminable línea recta de asfalto que se pierde a la vista, donde no hay arbustos altos que protejan del sol y los únicos elementos que sobresalen entre las vastedades son algunos bosquecillos de yucas y las erguidas ramas del ocotillo, que con sus agresivas espinas desafían las recurrentes sequías.

Nos adentramos en territorio agreste, difícil y hermoso… contrastante. Conforme avanzamos por la carretera con rumbo sur, vemos las áridas sierras que se abren como enormes telones, listos para mostrarnos su riqueza arqueológica… nuestras raíces norestenses.

En algunos puntos podíamos ver el trazado antiguo que tenía la carretera hace algunos años, ésta fue cambiada en algunos tramos para evitar los accidentes en las curvas pronunciadas, y con esto lamentablemente también fueron destruidos muchos petroglifos, ya que estamos en un área rica en éstas expresiones rupestres.
Después de bordear suavemente las faldas de una sierra, llegamos a nuestro destino: el Kilómetro 68. Disminuimos la velocidad al ver los Puentes Cuates y buscamos un lugar para estacionarnos.
La mañana estaba fresca y nublada, perfecta para hacer recorridos por el monte!
De inmediato tomamos nuestras mochilas, cámaras, agua y los trekking poles para avanzar entre las rocas. Ya queríamos ver los petroglifos!

Cruzamos con mucha precaución la carretera, ya que los automóviles y trailers pasan a gran velocidad. El ruido de los motores nos acompañaría en todo nuestro recorrido.

Ésta lomita tiene una marcada dirección suroeste-noreste y la mayor parte de los grabados complejos se encuentran en la cara occidental de la loma, muy pocos grabados se encuentran del lado oriental, que es la cara que bordea un arroyo.

La comunidad vegetal está conformada por Gobernadora (Larrea tridentata), Guapilla (Echtia glomerata), Ocotillo (Fouquieira splendens), Yucas (Yucca sp.), nopales (Opuntia sp.) y algunas biznagas como la biznaga de bolitas (Epithelantha micromeris), la biznaga pitayera (Echinocereus stramineus), sangre de drago (Jatropha dioica), candelilla (Euphorbia antisyphilitica) y diversos zacatales. Plantas adaptadas para soportar grandes períodos de sequía, triunfadoras todas en la constante carrera evolutiva.
Al iniciar nuestra exploración y antes de acercarnos a las piedras grabadas, nos llamó la atención una pequeña biznaga ganchuda que estaba a punto de florear, sus capullos aún cerrados estaban circundados y protegidos por largas espinas con extremos a manera de anzuelos. Tendríamos que esperar más tiempo para el espectáculo floral que el desierto nos ofrecería.

Los grabados se encuentran desde las primeras rocas a nivel del suelo en el extremo sur de la loma, donde iniciamos el recorrido. Ahí entre los matorrales de sangre de drago se escondían los glifos abstractos y figuras semi-circulares.
Fuimos recorriendo detenidamente el lado occidental de la loma, encontrábamos grabados en la mayor parte de su extensión, éste lado tiene más salientes rocosas que abrigan y protegen los grabados de los elementos.

Un monolito solitario a nivel del suelo llamaba nuestra atención, ahí se podían apreciar claramente grabados de diferentes épocas históricas. Los más antiguos mostraban un color similar a la roca en el surco del grabado y los más recientes grabados sobre los antiguos, mostraban la pátina más clara. En la parte superior estaba rematado con un hermoso glifo de círculos concéntricos. Hermosa roca grabada!
También observamos petroglifos que parecen representaciones de manos. De una manera muy sencilla solamente las extremidades fueron plasmadas. No resistí y deslicé suavemente mis dedos por los surcos, colocándolos exactamente entre ellos… y quedaban a la perfección! Sentí una conexión con el autor nómada de esos grabados, los valoré.

Decidimos subir la loma y recorrerla, ahí las rocas eran más grandes y los grabados más complejos. Debíamos tener cuidado, hay mucho nopal cegador (Opuntia rufida) y hay que tener cuidado con ésta planta, fácilmente se desprenden las espinas y llegan a fastidiar a la menor provocación, además éstas son tan pequeñitas que cuando te las entierras es difícil poder extraerlas, por lo que tallarte los ojos en alguna repentina comezón no es nada recomendable, es mejor aguantarse.

También las lechuguillas (Agave lechuguilla) forman colonias casi impenetrables en donde tienes qué dar grandes zancadas y asegurar bien el peso para no picarte con sus agudas espadas, eso sin mencionar los traviesos tasajillos (Opuntia leptcoaulis) que como buenos primos del nopal, tienen las espinas más bravas del desierto norestense.
Ya en la cima de la loma y después de esquivar los matorrales espinosos, nos topamos frente a frente con un hermoso lienzo lítico, de los más complejos que haya visto. De inmediato sacamos la cinta métrica y registramos las medidas del monolito: 1.90 mts x 1.80 mts aproximadamente, de puro grabado!

En la cara superior de la roca encontramos grabados diversos, figuras geométricas y líneas ondulantes. En la parte central aparece a gran detalle un glifo que parece ser un elemento celeste, tal vez algún cometa porque tiene ocho líneas que salen del disco a manera de rayos y dos líneas largas y ondulantes que se alejan serpenteando desde el centro, con una estética realmente notable.

También vemos en la parte inferior tres glifos que representan huellas de venado en línea recta, relacionados con la caza como veremos más adelante con otros grabados referentes a ésta actividad. Y aunque una sección casi triangular se ha desprendido de la superficie de la roca a causa de los elementos a través de los siglos, la complejidad y belleza de los grabados es aún apreciable.
Hay una roca en ésta zona arqueológica que muestra representaciones de Átlatl. Es interesante poder apreciarla porque éste instrumento fue muy útil para nuestros antepasados nómadas en actividades como la cacería o la guerra. El Átlatl sirve para potenciar la fuerza en el lanzamiento de un proyectil, como la lanza.

Consiste en una pieza elongada de madera con un extremo terminado en punta hacia arriba, el cuál será el eje de apoyo del proyectil. Se afianza del extremo opuesto y se lanza con gran fuerza, permitiendo que el proyectil alcance mayor distancia y penetración. Fue un arma ampliamente utilizada por los primeros habitantes del desierto, tecnología utilizada para la caza y la defensa.

Cercana a éstos grabados de átlatls también encontramos una roca con una representación de venado, relacionando directamente la caza de éstos mamíferos con el arma de referencia.
El trazado de las astas del venado son muy básicas, plasmadas bajo la sobria estética del nómada. Es importante señalar que no encontramos otro grabado de astas en ésta zona, la representación estaba completamente solitaria en la cara de una roca, a diferencia de otros sitios de riqueza notable como El Pelillal cerca de Paredón, donde abundan las figuras zoomorfas y proyectiles.

Avanzando en nuestro recorrido encontramos varios grabados que representan soles, del disco central se desprenden líneas rectas en todas direcciones.
En un grabado fue lo contrario, las líneas que salían de un punto central estaban enmarcadas por un disco. En algunos otros grabados la erosión había causado tanto estrago que solamente con la ayuda digital al alterar los valores de contrastes en la imagen podíamos apreciar sus formas.

En ésta zona arqueológica encontramos en glifo que no hemos visto en otras regiones y por lo tanto es único en sus formas y significado. Un petroglifo que parece representar una biznaga en floración, sus formas son inconfundibles. De unos 14 cms aproximadamente y solitario en la superficie de una roca, éste grabado nos muestra uno de los principales alimentos estacionales del nómada: La Pitaya.

En una región agreste donde los habitantes del norte tenían qué sacar provecho de lo que les ofrecía el desierto, la pitaya era un alimento dulce y reconfortante en el verano.

Y aún hoy la biznaga pitayera (Echinocereus stramineus) nos regala éstos deliciosos y abundantes frutos durante los meses de más calor y los seguimos disfrutando como lo hicieron los primeros habitantes del desierto.

Conforme avanzábamos al límite norte de la lomita, los petroglifos se hacían más escasos.
Solamente encontramos una roca a nivel del suelo que contenía grabados abstractos, líneas ondulantes y círculos. Fue en ésta roca donde encontramos vandalismo, algún visitante grabó en la superficie de la roca sus iniciales “RDA”, no sabemos quién fue, pero sí sabemos que fue una persona presa de la ignorancia que sin importar el valor histórico de éste sitio decidió plasmar sus burdas iniciales.

Precisamente estando en ese lugar escuchamos el silbato de una locomotora seguida por muchos carros de ferrocarril que anunciaba su paso lentamente por unas vías cercanas y por el otro lado el constante ruido de los motores de los automóviles que recorrían velozmente la carretera… y nosotros ahí arriba en la loma junto a los grabados de nuestros antepasados nómadas, entre el pasado y el presente que amenaza constantemente un sitio arqueológico como el de los Puentes Cuates.

Es muy importante conocer los sitios arqueológicos de nuestra región, por su valor histórico debemos conservarlos, es parte de nuestros orígenes como coahuilenses.

Y un sitio como éste donde el acceso es realmente sencillo y junto a una de las carreteras más transitadas del país, es prioritario que los visitantes respeten las rocas con grabados.
Se debe tener orgullo del legado cultural de nuestros antepasados para que así se conserven éstas expresiones rupestres por muchos siglos más.
Al terminar nuestra exploración y alistarnos para regresar al coche, nos causó una muy agradable sorpresa encontrar la biznaga ganchuda que habíamos visto al inicio de nuestro recorrido con las flores ya en gala, los pétalos amarillos estaban listos para recibir a los insectos que la polinizarían.
Nos cautivó su belleza y la observamos con admiración, eran flores frescas y delicadas que el desierto nos dió oportunidad de apreciar.

Cuando llegamos estaban sus capullos cerrados y cuando nos retirabamos estaban abiertos en flor, qué mejor manera de despedirse! De seguro el desierto nos regaló esas flores para que volvamos…
y prometo que así será.
Con una sonrisa decidimos partir felices y satisfechos hacia el norte, a nuestra Región Carbonífera. En nuestro recorrido por la zona arqueológica de los Puentes Cuates aprendimos de nuestros antepasados, observamos sus expresiones y tuvimos un contacto directo con su cultura.

Aún y cuando ya no estemos aquí, ellos seguirán presentes en cada grabado y en cada sierra de Coahuila recorriendo como lo hicieron durante miles de años ésta su tierra norestense… que siempre será territorio nómada.