Yo no conocía Gral. Cepeda, y puedo decir que en el fin de semana que estuve ahí, quedé sorprendido de la riqueza arqueológica e histórica de la zona.

En General Cepeda se respira la historia en cualquier rincón, siendo de las primeras poblaciones españolas en el septentrión de la Nueva España, fué el asentamiento del Capitán Francisco de Urdiñola a finales del siglo XVI.

La antigua Hacienda de San Francisco de Patos fué el escenario de leyendas muy interesantes que enmarcan la oscura vida de Urdiñola, pero eso lo veremos en otra ocasión.

Actualmente la Presidencia Municipal está ubicada en el antiguo casco de la Hacienda. Ahí mismo en el edificio, en una de las paredes del acceso podemos observar un mural que muestra la historia de Patos, realmente hermoso.
Casonas con el característico sello de la arquitectura norestense, una represa antigua construída de piedra en el Arroyo Patos, un palomar construído de adobe que data del siglo XVI y donde en el interior aún se aprecian los nichos para las aves algunas vez criadas ahí... y petroglifos.

Petroglifos literalmente en cada sierra que rodea a General Cepeda.
Existen sitios de riqueza rupestre en el área, entre ellos el más conocido es el que está ubicado en el ejido Narigua.

Pero es sólo uno de los muchos que posee General Cepeda.
El investigador y explorador Rufino Rodríguez, me comentó sobre la riqueza del lugar y algunos sitios de expresiones rupestres muy interesantes en nuestro camino a una zona paleontológica.

Mientras iba tomando nota, solamente me podía imaginar los grabados que me estaban esperando y que ansiaba conocer, una vez teniendo la oportunidad de explorar el área.

Cerca de la población de General Cepeda, en un lugar conocido como “La Herradura”, llamado así porque la carretera hace una curva muy pronunciada en su camino al norte; se tiene acceso a un camino de terracería que comunica a varias rancherías ubicadas a manera de rosario en el desierto coahuilense y se inicia el viaje a nuestro pasado, a nuestros orígenes, cuando los nómadas norestenses aún recorrían éstos lugares.

Las sierras de ésta región son de poca altura y pertenecen al ramal que tiene dirección este-oeste, del conjunto orográfico de la Sierra Madre Oriental.
Su origen es sedimentario y tienen la característica formación árida coronada de rocas a manera de espinazo con pendientes suaves, típicas del sureste de Coahuila.

El Domingo por la mañana que tuve oportunidad de explorar el área con más calma, hubo una grata bienvenida por parte de unas pequeñas biznagas, las cuáles lucían sus delicados pétalos morados.
En el suelo pedregoso hacían un bello contraste.
A tan solo unos metros de la cinta asfáltica, cerca de “La Herradura”;
tal cuál me había comentado Rufino, se encuentran rocas grabadas con cruces cristianas de gran tamaño.

Cruces cristianas!! Jamás había visto alguna en petroglifo y es toda una experiencia, por el hecho de haber sido grabadas por nuestros antepasados nómadas al ser testigos en su tiempo, del avance religioso y cultural de los españoles a finales del siglo XVI en sus territorios.

Cómo veían ellos a la cruz? Qué significaba para ellos éstas nuevas creencias religiosas impuestas por los españoles? Serían obligados a grabarlas? o fueron grabadas por los frailes que trataban de acostumbrar a los naturales de la región con los nuevos simbolismos cristianos?

Me pregunté muchas cosas y solamente podía aventurar respuestas.
Pero el verlas y admirar sus formas, me animaba a seguir buscando más grabados entre las piedras.


Dejando “La Herradura” atrás, seguí el camino de terracería, crucé el Arroyo Patos, que a mi paso llevaba poca agua y a poca distancia llegué al lugar conocido como El Gavillero, un área rica en grabados y habilitada con accesos para ser visitada.
Tiene un amplio estacionamiento de tierra prensada y escalones de piedra para recorrer y observar las rocas grabadas en los lomeríos de poca elevación.
Empecé a recorrerlo, las petroglifos están por doquier.

El ambiente es árido, seco.
Las lechuguillas y espinosos tasajillos son los que predominan, hay que tener cuidado y saber dónde pisar porque las espinas no perdonan.

Aunque es desértico, la temperatura no es muy elevada y eso es resultado de la altitud en ésta región del estado de Coahuila, de 1,429 msnm., en promedio.

A diferencia de la Región Carbonífera en el norte del estado, donde las temperaturas superan los 42°C, tomando en cuenta este dato, la temperatura del sur de Coahuila no me incomoda. Pero el sol aunque calladito, sí quema fácilmente. Por eso es importante usar bloqueador solar, para evitar futuros problemas.
La Sierra de El Gavillero es una serie de lomeríos bajos y rocosos que bordean el arroyo Patos, y es aquí donde el arroyo ha ido erosionando el suelo a través de los siglos dejando un abrupto desnivel de unos 15 metros desde el nivel de la sierra. También existe una antigua cortina de piedra construida en el límite del borde como protección.

El arroyo Patos en ésta región lleva agua, y aunque de poco cauce, es constante.

En otros tiempos posiblemente llevaba más agua y en los alrededores se formaban pequeñas lagunas temporales que atraían multitud de aves de caza.
Un escenario propicio para asentamientos humanos, la riqueza del oasis fué utilizada por los naturales de la región durante siglos.

Y nos podemos dar cuenta de ello por la cantidad de expresiones rupestres dejadas como grabados sobre las piedras del área.
Podemos encontrar grabados con figuras abstractas y geométricas de difícil comprensión, pero con una estética que solamente es encontrada en el arte rupestre, realmente hermosos.
Algunas otras son figuras antropomorfas, de trazos muy básicos.

Mientras estaba buscando petroglifos y mi atención se concentraba sobre cualquier textura de las rocas que pudiera representar algún grabado, encontré figuras chamánicas sobre unas rocas cercanas.

De tamaño medio, éstas figuras representan a un chamán. Un elemento importante dentro de la sociedad nómada, ya que era la persona que tenía el contacto y comunicación con los espíritus o fuerzas superiores. Representaba además el poder de la curación.

Se representaba con las extremidades extendidas, muy similar a la figura chamánica encontrada en una pintura rupestre en las cuevas de San José de las Piedras, al norte de Coahuila.

De pronto, sobre una roca cercana ví otra figura chamánica, pero ésta era de un tamaño mayor y en mejores condiciones de conservación que las anteriores.

Me sorprendí!


El grabado está muy bien definido, su silueta resalta en el entorno y es de las más hermosas en El Gavillero.

Posiblemente ésta zona fué un lugar importante de rituales de los antiguos pobladores del desierto.

Éste chamán ha sobrevivido a los elementos durante siglos, y sigue sorprendiéndonos con los poderes sobrenaturales representados en sus trazos, esos poderes que alguna vez ayudaron a su sociedad.

También se encuentran grabados que muestran puntas de flechas y huellas de mamíferos, como venados. El realismo en el grabado es sorprendente.
Si las huellas de venado grabadas en las piedras de la sierra de El Gavillero son interesantes y nos hablan de las formas de vida de los nómadas, cerca de ahí, al fondo del arroyo se encuentra una pequeña loma rocosa de poca altura y de una longitud de aproximadamente 50 metros.
Una loma coronada por enormes rocas sobrepuestas que tienen grabadas huellas de Osos y Bisontes!
Osos? Bisontes? En los desiertos del sur de Coahuila?

Debemos tomar en cuenta que en los escritos dejados por los primeros colonizadores españoles al actual territorio de Coahuila a finales del siglo XVI, se encuentran referencias de Bisontes en Monclova y muy al sur como Parras, cercana a General Cepeda.

Era un territorio casi virginal y éstos grandes mamíferos aún recorrían las llanuras junto a enormes manadas de berrendos, además eran parte fundamental de la mitología del nómada y un gran recurso alimentario.

Las huellas de oso en General Cepeda son tan perfectas y tan bien conservadas que Rufino Rodríguez nos comenta que se representan tanto las patas delanteras como las traseras en los petroglifos.

Los osos (negros) aún recorren las sierras de Coahuila, aunque su territorio se ha fragmentado. Mas no sé si los representados en los petroglifos son los extintos osos pardos mexicanos de gran talla o los actuales osos negros, de tamaño menor al oso pardo mexicano, el cuál fué exterminado lamentablemente en México a mediados del siglo XX.

Éstos grabados son únicos, te transportan a otros tiempos y me hacen apreciar aún más a mis antepasados nómadas.

De regreso al punto de inicio de mi recorrido, bajé de la sierra rocosa con grabados y me adentré al llano desértico, poco a poco los mezquites, gatuños y matorrales se hacían más altos y densos, se podían ver fresnos y árboles Palo Blanco, estaba acercándome al arroyo Patos.

Lo crucé de nuevo y ahí me dí cuenta de lo que dió origen a toda ésta aventura: El Agua.

El arroyo serpentea entre frondosas riberas, sus aguas son cristalinas en ésta área. No me resistí, y la sentí con mis manos, estaba fresca. Un elemento muy valioso en las regiones áridas del noreste.

Los nómadas del desierto aprovechaban la vitalidad que generaba el Arroyo Patos.
Al subir al coche y descansar de la buena asoleada que me dí, me alejé del área para dirigirme a la carretera 57 rumbo al norte. Sediento pero felíz.

Me fuí satisfecho de haber recorrido y observado las preciadas expresiones rupestres dejadas en diferentes tiempos históricos por los antiguos habitantes del desierto.

Hay muchos sitios más por conocer y explorar en General Cepeda, una región de Coahuila con muchísima historia.

Sin duda regresaré...