Coahuila es el tercer estado en extensión territorial de la nación, después de Chihuahua y Sonora.

Lo que podemos encontrar en éste territorio es vastedad, amplísimos desiertos, dilatadas praderas, bosques poblados de encinos y abruptas sierras que enriquecen la biodiversidad en cada cañón que se esconde entre ellas.

Pero esa vastedad debe también significar comunicación, actualmente si alguien de éstas latitudes norteñas desea ir a Chihuahua, debe invertir mucho tiempo y recursos para rodear el estado y llegar a Torreón para de ahí subir a Delicias y continuar su camino.

También hay otra opción usada por la mayoría de la gente del noreste, se va por territorio Tejano aprovechando las carreteras interestatales estadounidenses para llegar a Presidio del Norte (Hoy llamado Ojinaga) y de ahí bajar a Chihuahua... la opción más viable en estos momentos.
No debe ser así. Coahuila comparte una extensa frontera con el estado hermano de Chihuahua, delimitada por el desierto donde las carreteras mexicanas no entran.

Pero, porqué si Arizona, Nevada y el Nuevo México son en su mayor parte desiertos, tienen carreteras que comunican y agilizan los tiempos de traslado entre las diferentes poblaciones ubicadas en pleno desierto de Mojave y desierto de Sonora en territorio estadounidense? Por la visión de desarrollo del vecino país.

Entonces nosotros debemos tener vías de comunicación directas con Chihuahua, para así conectar las diferentes regiones del estado, diversificar la economía de la zona con el ahorro en tiempo de traslados que eso significa y acercar el turismo y la derrama económica que genera a las zonas del noroeste del estado, ricas en bellezas naturales e históricas, como actualmente está aprovechando Tejas en el área del Big Bend y la sierra de los Chisos, en su territorio.
Esa inquietud ha motivado a un grupo de ciudadanos de la ciudad de Nueva Rosita, Coahuila, para conocer y ser testigos del ambicioso proyecto carretero que comunicaría a la Región Carbonífera de Coahuila con Manuel Benavides en el estado de Chihuahua, donde la distancia a la frontera con Tejas es muy corta.

Así fué que el Consejo Empresarial de Nueva Rosita, Coahuila, A.C., decidió hacer un recorrido por carretera desde Melchor Múzquiz hasta Manuel Benadives, para así conocer el terreno y verificar los avances del proyecto en ambos estados.

La cita fué a la salida de Melchor Múzquiz, en la carretera a Boquillas del Carmen a las 6 de la mañana. Amaneció nublado y con una temperatura agradable para hacer el recorrido, ya que mientras el día avanza, las temperaturas se disparan a más de 40° C
“Que la carretera está completa hasta Chihuahua”
“Que nada más llega a la Cuesta de Malena” “Está pavimentada la Cuesta?”
“Que sólo falta la parte de Chihuahua”
.... Solamente rumores.

Teníamos que verlo nosotros mismos y así verificar. Salir de dudas.

Actualmente se encuentra pavimentado desde Melchor Múzquiz hasta unos 19 kilómetros despues de la Cuesta de Malena, casi llegando al poblado de San José de las Piedras.

Nuestro objetivo fué llegar a Manuel Benavides en Chihuahua, teníamos qué recorrer los desiertos del norte del estado de Coahuila, un área no conocida por la mayoría de quienes fuimos en esa travesía.
Fuimos en una troca, la cuál es necesaria para atravesar los caminos que nos esperaban.
Y como sabemos que la mejor manera de conocer y apreciar el paisaje es estando atrás en la caja de la troca para poder tener una vista completa del paisaje, inmediatamente nos hicimos espacio entre las hieleras y equipo para preparar nuestro lugar.
Cámaras, agua, fruta, sombrero, lentes oscuros y mucha emoción por conocer esos grandes espacios del norte de Coahuila que alguna vez deseaba con ansias conocer, nos hizo acomodarnos rápidamente como esperando que empezara alguna película de estreno. El sol y el calor en esos momentos no nos importó.

Partiendo de Múzquiz hacia el norte tomando la carretera estatal #20, el paisaje cambia totalmente. Los matorrales son más tupidos y podemos encontrar bosques de corpulentos encinos salpicados en el monte.

Hay qué señalar que en éste tramo de la carretera #20 tenemos sitios históricos importantes como el paraje de La Rosita; ubicada sobre una cuesta a 57 km aproximadamente de Múzquiz.

Aquí se batieron en una cruenta batalla indios nómadas comanches y apaches lipanes en contra de mexicanos habitantes de Santa Rosa y algunos presidios, en Diciembre de 1849.
Estoy seguro que con una señalización de punto histórico en éste sitio, ayudaría mucho a la conservación de nuestra memoria histórica.

Nuestra primera parada en éste viaje, fué la Cuesta de Malena. Lugar de cautivante belleza con quebradas y formaciones rocosas erosionadas que enmarcan éstos parajes del norte de Coahuila.

Aproximadamente a 16 kilómetros después de la Cuesta, la carretera hace una curva y sale un ramal de terracería que comunica hacia Boquillas del Carmen. Nosotros continuamos la carretera pavimentada con destino a San Miguel como indicaba un señalamiento.

De pronto la carretera pavimentada llega a su fin, montículos de grava al lado del camino y máquinas trabajando son señal de que se sigue la pavimentación de ésta carretera. Aún no llegamos a San Miguel y solamente podemos ver la polvadera que deja la troca en su acelerado camino por la terracería.

Siguiendo el camino y andando unos 17 kilómetros de terracería, llegamos al poblado de San José de las Piedras, su nombre se debe con seguridad a las sierritas que se encuentran al lado del camino.

Éstas son de poca altura y muy diferentes a otras que haya visto, salpicadas casi totalmente por piedras redondas de diferentes tamaños, que las hacen ver como si fueran recubiertas por gragea pétrea, dicen los pobladores que existen piedras más grandes donde se encuentran casas entre ellas, eso no lo ví pero estoy seguro que éstos lugares prometen mucho para explorarlos.

Es en éste poblado donde se encuentra la desviación hacia la frontera, a San Vicente.
Son sólo 65 kilómetros al Río Grande y es también lugar del antiguo presidio y posteriormente colonia militar que alguna vez protegió la nueva frontera mexicana después de la mutilación territorial de 1848, el Presidio de San Vicente.

Continuando nuestro camino hacia Chihuahua, llegamos a la población más importante de ésta zona, San Miguel. Aquí se dividen ramales que comunican diferentes ejidos y poblados, nosotros continuamos hacia el oeste internandonos en el desierto con destino a las siguientes rancherías y poblados que conforman el noroeste de Coahuila.
Definitivamente para recorrer éstos caminos se necesita una troca con buenas llantas y suspensión que aguante los bordos, desniveles y que pueda cruzar los cauces de los arroyos pedregosos, algunos de éstos arroyos tienen una anchura de algunos 30 metros, éstos sí son arroyos.

Conforme avanzaba el día, el calor fué subiendo y el sol quemaba, en las frenadas solamente sentíamos la polvadera que nos envolvía por algunos segundos y nos dejaba tierra por todas partes.

Pero eso hasta nos gustaba! Las vistas que disfrutabamos nos hacían olvidar los trancazos y raspones cada que la troca saltaba por las condiciones del camino.

En algunas paradas que hacíamos, encontrabamos biznagas en flor que nos alegraron con sus pétalos morados, esa belleza solitaria que embellecía el agreste entorno.

Cerca de la línea que divide a los dos estados, se encuentra el poblado de Álamos del Marquez, aunque la gente de esos lugares lo llaman “Álamos de Márquez”.
Esta población cuenta con una pequeña clínica del IMSS y tiene una escuela de construcción antigua (y bien hecha), muy limpia.
El camino hacia Chihuahua cruza el poblado en zig zag, y al salir del pueblo nos encontramos los únicos árboles frondosos en muchos kilómetros de recorrido en el desierto. Tres álamos de gruesos troncos a la orilla de un arroyo, tan frondosos como antiguos, le dan nombre al poblado, Álamos de Márquez.

A sólo 3 kilómetros se encuentra la línea divisora.
No existe señalamiento que indique donde empieza cada estado, pero los pobladores de ésta región nos dijeron cuántas postas debíamos pasar hasta llegar al guardaganado que indicaba el límite de Coahuila.
Del límte con el estado de Chihuahua, la distancia hacia Manuel Benavides no es mucha, son aproximadamente 69 kilómetros por un camino de terracería que hay qué señalar está en muy buenas condiciones, mucho mejor que el camino de terracería del estado de Coahuila.

El paisaje es hermoso, bordeamos sierras rocosas y veíamos monolitos enormes distribuídos por varios kilómetros que nos hacían preguntarnos qué fuerzas tectónicas o volcánicas arrojaron esas enormes piedras hasta su lugar actual.

Siguiendo el camino hacia Manuel Benavides por territorio chihuahuense, además del desierto que en éstas latitudes es casi virginal y de extraordinaria belleza, no había señalamiento alguno que nos indicara en qué municipio nos encontrabamos, hasta que nos topamos con un letrero que decía: Rancho "La Monilla", Manuel Benavides... íbamos por buen camino.
Después de pasar el poblado de Paso de San Antonio, nos indicaron que no faltaba mucho hacia la ciudad de Manuel Benavides, algunos 17 kilómetros.

Continuamos nuestro camino por la terracería que en éste tramo es de mayor calidad y después de cruzar un arroyo donde las paredes rocosas formaban un extenso cañon que la gente de éstos lugares utiliza como balneario por sus deliciosas aguas, llegamos a nuestro destino. La ciudad de Manuel Benavides.

La gente de Manuel Benavides es amable y atenta, realmente no estamos muy lejos de Coahuila y noté el característico "Shihuahua" de nuestros vecinos, ellos no pronuncian Chihuahua como nosotros con la "Ch" marcada, la suavizan hasta escucharse como "Sh". Por eso si los Chihauhuenses pronuncian "Shihuahua", entonces creo que esa es la pronunciación correcta.

Manuel Benavides es una ciudad que se encuentra a escasos 100 kilómetros de la frontera, comunicandose directamente con Presidio del Norte (Ojinaga) por una carretera en excelentes condiciones.

Las edificaciones son de estilo "gringo" como sucede en los Cinco Manantiales de Coahuila, y es así porque al igual que en Zaragoza, Allende y Morelos en Coahuila, mucha gente (la mayoría) trabaja en el otro lado y el contacto con Tejas es cotidiano, la relación comercial con Estados Unidos se siente en cada rincón de Manuel Benavides, una ciudad muy limpia y ordenada.
Después de escuchar todos los rumores sobre las condiciones de ésta carretera, si está o no completa, nos dimos cuenta de que no está terminada, el pavimento acaba inmediatamente al salir de la ciudad de Manuel Benavides.

Ésta importante vía de comunicación aún le falta por llegar a completarse y sabemos que no es mucha la ditancia que nos separa.
Son sólo 170 kilómetros que faltan para unirla y los beneficios que traería son inmensos, uniendo la frontera de Chihuahua con Tejas directamente con la zona noroeste y región Carbonífera de Coahuila, detonaría, de eso estoy seguro, el desarollo económico y social, diversificando la economía, el turismo y el contacto cultural con nuestros hermanos chihuahuenses y tejanos.


Después de abastecernos de agua fresca y descansar en Manuel Benavides, llegó la hora de regresar a la Región Carbonífera de Coahuila, ahora nos tocó apreciar el desierto al atardecer y sentir la oscuridad de la noche en los vastos territorios norteños.

La actividad nocturna en el poblado de San Miguel nos invitaba a detenernos y conocer más sus costumbres, pero ya era tarde y continuamos nuestro camino hacia el rancho La Encantada donde pasaríamos la noche.

Eran aproximadamente las 11 de la noche cuando atravesabamos el desierto antes de llegar a la Cuesta de Malena y la temperatura bajó a tal grado que ibamos tiritando de frío! nos pescó desprevenidos.

Bucamos taparnos con lo que estaba a nuestro alcance que parecía poco para calentarnos o reducir los aires fríos que penetraban y calaban hasta los huesos, me pareció extraño que en una noche de verano en Julio la temperatura estuviera tan baja, pero lejos de incomodarme... lo disfruté.

Estoy en el Norte y así es mi tierra.