Cuando era niño, en casa de mi abuela paterna, Doña Lupe Tijerina, había un cuarto reservado y casi siempre solitario, lo llamabamos "el Cuarto de los Santitos".

En éste cuarto especial de su casa, que casi siempre estaba cerrado pero nunca con llave, había un chifonier de color oscuro que tenía en la parte superior un hule transparente para proteger la madera y sobre éste había muchas marquitos con fotografías de familiares, muchas de ellas en blanco y negro, flores, veladoras, también recuerdo un frasco de vidrio tapado y en su interior un esqueleto seco y amarillento de algo que parecía un pequeño reptil, además un librito del Doctor Gonzalitos, cuadros con imagenes de Jésus, la Virgen de San Juan de los Lagos... y el Niño Fidencio.

En ese cuarto "de los Santitos" se respiraba una atmósfera casi esotérica y por lo mismo, era el último lugar de la casa que escogíamos para dormir cuando nos quedabamos con ´buelita.
Ahora que han pasado los años, me doy cuenta de la fé que tenía mi ´buelita en los santitos, para que éstos cuidaran a sus seres queridos. Así como muchas de las señoras de antes que aunque no eran muy religiosas, tenían una devoción muy particular en el santoral.

Desde esa etapa de mi niñez recuerdo la imágen del Niño Fidencio, mi ´buelita nos contaba que mi bisabuelo Don Juan Tijerina fué hasta Espinazo a ser operado por el Niño Fidencio para que éste le extrajera una bala que tenía alojada en un brazo, mi bisabuelo había participado en la Revolución.

Hoy ya no está el "Cuarto de los Santitos", pero mi ´buelita a sus 91 años todavía se refiere a él como "El Niñito"...

Así como ésta podemos encontrar historias por todo el noreste de México, de algún antepasado nuestro que lo vivió de cerca y nos vincula a un fenómeno religioso muy particular... el fidencismo.
En Espinazo, N.L., cada año en el mes de Octubre se realizan las fiestas para celebrar el nacimiento espiritual del Niño Fidencio el día 17 (aunque oficialmente nació un 13 de Noviembre de 1898), así como también su muerte que fué un 19 de Octubre de 1938.

Siendo Espinazo un poblado de apenas unos cientos de habitantes en medio del agreste desierto norestense, éstas fechas reúnen a miles de visitantes de diversas partes del país para ser parte de una de las manifestaciones religiosas más importantes del norte de México y del sur de Estados Unidos.

El entronque para llegar a Espinazo se encuentra sobre la carretera federal 53, en el tramo Monclova-Mina, un arco celeste con la leyenda "Bienvenidos a Espinazo, Tierra del Niño Fidencio" es el inicio de un camino pavimentado de 28 kilómetros a través del desierto que comunica con el poblado.

A lo largo del trayecto a Espinazo, vimos varios grupos de matachines preparándose para iniciar sus procesiones y algunas personas haciendo mandas a la orilla de la carretera, estabamos adentrándonos a un sitio donde la fé se palpaba en cualquier sitio y lo sagrado se confunde con lo ordinario.
Cuando llegamos a Espinazo, las luces, humaredas, carpas y la gran cantidad de personas ahí reunidas nos anunciaba que no encontraríamos lugar para estacionarnos, y así fué... no había paso y nos vimos forzados a buscar un lugar dónde dejar el coche.

Afortunadamente aún había espacio en una de las casas a la entrada del poblado donde te daban permiso para dejarlo todo el día estacionado en el patio. Es de llamar la atención que las casas tienen cercas hechas con varas de ocotillo (Fouquieria splendens), aprovechando sus espinas como defensa y que reverdecen a las primeras lluvias, llamándoseles también "cerca viva", muy comunes en los poblados y rancherías del desierto norestense.

De inmediato nos dirgimos al centro del pueblo, los aromas, murmullos, griteríos, luces de velas, cánticos y alabanzas se mezclaban con el calor humano de la noche.
Las vías férreas se encuentran a la entrada de Espinazo y aunque ya no pasa el tren de pasajeros como antaño, todavía sigue recorriendo éstos caminos, pero ahora con transporte de carga solamente.

A finales de la segunda década del siglo XX, el tren era el principal medio de transporte en México y traía a gran cantidad de personas que venían en búsqueda de ayuda con el Niño Fidencio, en un constante ir y venir que parecía no tener fin.

Tanta fué la fama que tuvo el Niño Fidencio, que el entonces Presidente Plutarco Elías Calles llegó a Espinazo en el tren presidencial El Olivo en el año de 1928, fué en busca de ayuda alternativa para tratar una afección que tenía.
El Niño Fidencio lo atendió, pero no por ser el Presidente tuvo preferencia en su caso, lo trató como a todos los que venían en busca de sanación.

Creo que el hecho de que el Presidente Calles haya llegado a Espinazo en busca del Niño Fidencio en plena Guerra Cristera, tuvo un mensaje explícito.

Fué un espaldarazo político a un personaje que utilizaba la medicina tradicional y métodos excepcionales de curación en el nombre de Dios y que a la vez no era aceptado por la Iglesia Católica Mexicana (ni lo ha sido), esa misma visita del Presidente catapultaría más la fama del Niño Fidencio.
Una vez cruzando los rieles, nos encontramos con la plaza principal, donde se encuentra uno de los símbolos más importantes del fidencismo: El Pirulito.

Es un árbol de pirul (Schinus molle) que aún reverdece y está en pie, es donde el Niño Fidencio hacía curaciones. Se subía en sus ramas y desde lo alto arrojaba frutas, verduras y otros objetos a las personas ahí reunidas, a quienes golpeara de inmediato iniciaban el proceso de alivio a sus males, a ésto se le llama "impactoterapia".

Alrededor del pirulito se congregan las "cajitas" y "materias" que realizan
las curaciones a quienes lo solicitan, la variedad en la vestimenta de los curanderos es variada, así podemos encontrar revolucionarios con puro y charreteras, algunas mujeres con vestidos de colores vivos, falda larga y sombreros de ala ancha.
De acuerdo a su vestimenta y al espíritu que representan corresponden el tono de voz que utilizan para comunicarse.
Ésto es porque de acuerdo a la tradición, los espíritus de Emiliano Zapata y Pancho Villa bajan en éstas fechas para ayudar a la gente a través de ellos, o el espíritu de la Niña Aurorita en caso de algunas mujeres que se comunican con voz casi infantil emulando a una niña.

Y al igual que el Niño Fidencio arrojaba frutas a las personas como método de curación, ellos también utilizan ésta práctica, pero arrojando paletas y dulces, es una alegría cuando los arrojan y sientes el golpe de alguna de éstas paletas, no supe donde cayó la que me golpeó, pero tampoco pude buscarla porque muchos niños se avalanzaban sobre ellas.
El Pirulito es el centro de reunión de todas las misiones fidencistas que llegan a Espinazo, de aquí partirán en procesión por la calle principal hasta llegar a la casa donde está la tumba del Niño Fidencio.

La calle es larga y recorre gran parte del poblado, las misiones están compuestas por una Materia que la dirige, las personas que portan el estandarte, matachines o grupos musicales y los seguidores de ésta misión que portan velas y flores, entonando cánticos y rezos. Son muchísimas las misiones y de lugares tan diversos como San Luis Potosí, Durango, Tejas, Zacatecas, Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua.

La calle está adornada con banderines que penden de los techos de las casas formando un cielo multicolor, los costados de la calle están repletos de puestos que venden souvenirs, comidas, curiosidades... todo un abanico cromático y auditivo, que no alteraba la concentración y sentimiento de los seguidores.
Al fondo de la calle, se puede ver la aglomeración de personas a la entrada de una casona, es ahí donde están los restos mortales del Niño Fidencio.

La casona tiene un gran espacio interior donde se encuentra gran parte de lo que en vida representó al Niño Fidencio, al entrar se encuentra una vitrina con frascos donde se conservan los tumores que él mismo extrajo de sus pacientes.

En la parte superior de las paredes hay cuadros con imágenes en vida del Niño Fidencio realizando operaciones, posando solo o acompañado y una que me gustó mucho en lo particular, una donde el Niño Fidencio abraza a una bonachona ancianita que está sentada en sus piernas, ambos sonríen, transmiten ternura... me hizo sonreír.

Ahí comprendí la razón por la cuál el Niño Fidencio se ganó el corazón de mucha gente que lo conoció: su alegría y el gusto que tenía en el trato a las personas. Se las ganaba.
También se encuentra una vitrina donde están las batas de diversos colores que utilizó, incensarios, morteros, un cajón de madera, sus zapatos y un crucifijo, siempre es interesante ver lo que en vida utilizaban los personajes históricos, los hacen más cercanos.

Al fondo de éste espacio de la casona está la tumba del Niño Fidencio y ahí es donde las personas que vienen en procesión le cantan, le rezan, le agradecen y se acercan, dejando flores y coronas en su tumba.
En una muestra de respeto y fé.

En un angosto pasillo anexo, las paredes están repletas de objetos como fotografías, emotivas cartas, pendientes, muletas y capas, todo en agradecimiento por algún favor recibido o alguna promesa por cumplir por parte de los fieles.
A unos pocos metros de la casona, se encuentra "El Charquito", una pequeña pileta con agua turbia donde el Niño Fidencio hacía también curaciones para aliviar los males de los enfermos por medio de rezos e inmersiones. Hoy es ocupada por Materias que realizan ceremonias y curaciones toda la noche.

Seguimos caminando por el poblado, entrando a los altares y observando los ritos celebrados, recorriendo los cientos de puestos que venden miles de artículos desde veladoras y recuerditos, hasta ropa y herramientas.

El poblado de Espinazo está enclavado entre la línea que divide a los estados de Coahuila y Nuevo León, donde una solitaria plaza es la que marca el lado coahuilense, aunque realmente toda la acción se desarrolla del lado reynero.

Afuera, en una de las ventanas de la casona estaba un conjunto norteño, de esos realmente tradicionales.

Cantaban "En tu Día" al Niño Fidencio, me acerqué porque me gusta el sonido de los instrumentos musicales norteños realmente originales, fué un gran placer escuchar la tarola, el cencerro, el saxofón, la guitarra y el tololoche. Fueron unos minutos que disfruté mucho.

Al felicitarlos, me dijo el señor de la tarola que hay una polka que usa mucho el cencerro, se llama "La Cápsula" y le dije que esa es de mis favoritas... y todavía la bailo.
Las celebraciones y procesiones no cesan en toda la noche, así que nos fuimos a dormir, los pies ya estaban cansados de tanto recorrer las calles y el frío ya estaba sintiéndose más... por la mañana, ya descansados sería distinto.

Al fin amaneció y para agarrar calor, de inmediato nos salimos de la casa de campaña y fuimos a buscar un humeante champurrado para amenizar la helada mañana, el cielo azul nos dió los buenos y helados días.

Las personas que conformaban las misiones ya estaban reunidas en El Pirulito, ahora irían en procesión a recibir la bendición de la Materia principal, al cuál llaman "El Niño", aunque su nombre verdadero es David.

Él, ataviado con una capa roja está en un costado de la casona recibiendo las misiones y bendiciendo con serenidad los estandartes, adquirió ese cargo cuando falleció la señora Panita, quien por muchos años fué la Materia mayor del Movimiento Fidencista Independiente.

Ya con la luz de la mañana, nos fuímos a la antigua estación de trenes de Espinazo, queríamos sentir las vibraciones del tren que aunque ya no se detiene aquí, nos hace recordar cuando miles de visitantes venían a buscar al Niño Fidencio en la segunda década del siglo XX.

De ahí se divisan unos cerritos donde también realizaba curaciones el Niño Fidencio, el Cerro de la Mano Poderosa y el Cerro de los Doctores, así que caminamos siguiendo el camino de fierro para llegar a éstos cerros y desde ahí ver todo el panorama completo.

Son tierras áridas, pobladas de matorrales bajos donde predomina la gobernadora (Larrea tridentata) y el espinoso tasajillo (Opuntia leuptocualis).
Los cerros son rocosos y de fácil acceso, ya que hay senderos que llevan a la cima del Cerro de los Doctores donde existe un pequeño panteón.
Ahí al lado de las tumbas, las curaciones seguían.

Bajé del cerro para dirigirme al otro donde se veía más actividad. Un arco de madera nos dió la bienvenida al Cerro de la Mano Poderosa, los grupos de personas subían con señores ya muy mayores al igual que con niños y jóvenes.

Éste cerro está rematado por una cruz blanca de madera con un lazo morado que ondea delicadamente con el viento, desde aquí se puede ver todo el valle y las serranías que rodean a Espinazo, una vista realmente preciosa.

Es ahí en ese cerro donde me dí cuenta de una de las principales funciones que realizan las Materias: ayudar al prójimo, acompañarlo en sus problemas.
Ví como una mujer ataviada con un vestido de color turqueza, con los ojos cerrados en trance y hablando como infante pero de una manera casi maternal, tomaba de las manos a una muchacha que había ido en busca de ayuda.

La Materia escuchaba sus problemas sin abrir los ojos, con un crucifijo le dijo unas oraciones mientras le tomaba de la mano y la aconsejaba. Al final la muchacha la abrazó y le salieron unas lágrimas, la materia la bendijo finalmente.

Un abrazo significó mucho para la muchacha que buscaba apoyo, la Materia tenía que ser lo suficientemente receptiva para poder interpretar las necesidades humanas y ofrecerle la paz que buscaba.
Al bajar el cerro de regreso al poblado, me alejé de la vereda y fuí bordeando sus faldas rocosas que indicaban que posiblemente habría petroglifos... y los había!

Qué grato es encontrar éstas expresiones rupestres!
En las laderas del Cerro de los Doctores se encuentran hermosos grabados abstractos hechos en algun tiempo ya lejano por los antiguos habitantes del desierto norestense.

De ésto nos podemos dar cuenta por la pátina de la roca que ya es del mismo color de los surcos que forman los grabados. Algunos otros son casi impercetibles a causa de la erosión sobre la superifice de las piedras, aún así es interesante poder apreciarlos en un lugar tan místico como Espinazo. Enriquecedor.

Llegó la hora de retirarnos del pueblo. Los camiones de pasajeros, trocas y automóviles formaban enormes filas para tomar la carretera, podíamos ver la polvareda que se formaba por tanta actividad en las pedregosas y angostas calles del poblado.

Venir a Espinazo en las fiestas de Octubre a festejar el nacimiento del Niño Fidencio es una experiencia muy satisfactoria, poder ser parte de una de las expresiones religiosas de gran arraigo en el noreste de México.
Debo decir que en el tiempo que estuvimos ahí, no vimos ningún problema, a pesar de haber miles de personas reunidas en un poblado tan pequeño.
Todo fué cordial y amable. Una de las razones puede ser el hecho de que no se permite vender cerveza durante las festividades.

Las fiestas fidencistas en Espinazo son una verdadera muestra de la fé norestense, es palpar el cariño y amor que una vez sembró el Niño Fidencio ayudando a los más necesitados, y eso nunca será olvidado por el pueblo...