En el extenso territorio de Coahuila se pueden encontrar diferentes y variados ecosistemas, desde llanos salados donde alguna yerba resistente a suelos salinos logra crecer, hasta picos boscosos en abruptas y elevadas sierras de formas caprichosas.

Un ecosistema que en Coahuila muestra diferentes facetas es el desierto, y la idea generalizada que la mayoría de las personas tienen del desierto es: que es gran espacio de dunas color fuergo donde el cielo azul contrasta con las arenas... como los desiertos del norte de África.

Bueno, en Coahuila tenemos tres zonas de médanos y una de ellas son las Dunas de Bilbao, localizadas en territorio de Viesca, en la zona de La Laguna.

Éstos médanos se han formado durante miles de años como producto de la erosión del viento sobre los cuerpos rocosos de sierras aledañas, el viento en su ciclo constante erosiona la roca y rompe con las arenillas, acumulandolas en dunas que poco a poco van creciendo y desplazandose a capricho del viento.
Las Dunas de Bilbao ocupan aproximadamente 10 kilómetros cuadrados y su área se encuentra cercada, administrada por los habitantes de Villa de Bilbao.

Desde hace mucho tiempo tenía la inquietud de conocer y explorar éste campo de finas arenas y acampar bajo la noche en el frío desierto.
Así que tomamos carretera y saliendo de Nueva Rosita a las 6:30 a.m., hicimos como 8 horas hasta llegar a Bilbao. (ocho horas porque hacíamos paradas obligadas cada que veíamos un paisaje hermoso y en el camino encontramos muchos, como la Sierra Las Delicias antes de llegar a San Pedro de las Colonias.)

Al no conocer cómo llegar al sitio, preguntamos en una tienda de abarrotes en San Pedro de las Colonias, donde además existen grandes plantíos de algodón salpicados de enormes pinabetes.
Nos dijeron que siguieramos la carretera (No. 30) hasta llegar a la intersección rumbo a Torreón, y al llegar al Ejido Emiliano Zapata, le siguieramos rumbo a Viesca y ahí se verían... "no queda lejos" nos dijeron.

Y en efecto, no quedaba lejos.
Capilla de la Hacienda de Hornos
En Viesca encontramos gente atenta. Nos comentaron sobre otros atractivos de la región. Nos mencionaron la Hacienda de Hornos, un lugar importante en la historia de la Laguna y su antigua capilla... a sólo 14 kilómetros de ahí.

Ahora llamado "Ejido vensutiano Carranza", pero prefiero llamarla Hacienda de Hornos, por su historia, ya que al llamarla Venustiano Carranza se pierde entre los cientos de ejidos y pueblos llamados así.

Llegamos a la Hacienda de Hornos por un camino recién pavimentado y en excelentes condiciones, nos pudimos adentrar en un espacio de arquitectura norestense de finales del siglo XIX.
Aún se puede observar el casco de la Hacienda, o lo que queda de ella, pues actualmente está fraccionada en varias casas de pobladores.

Una restauración de la Hacienda sería ideal, porque al paso que va, su destrucción es innevitable.

La capilla definitivamente es el punto principal de Hornos, de arquitectura sobria, blanca y gruesos muros, sin ornamentos exagerados, casi lisa y con una puerta principal tallada en madera con motivos de querubines, la hacen una joya de la arquitectura norestense.
De regreso a Bilbao, nos preparamos para hacer un recorrido por las dunas.

Nos comentan los lugareños que tienen muchos problemas con los médanos, ya que se mueven constantemente y ya han avanzado a tal punto que amenazan una alberca que se construyó para atraer turistas, las bardas no son obstáculos para las dunas en su lento avance.

En el día no se encuentran animales a simple vista, pareciera que no puede vivir nada ahí a excepción de algunas plantas y hormigas.

Al pisar sobre la arena sientes cómo se hunden tus pies, y si te descalzas no se siente caliente, pero al escarbar unos centímetros te darás cuenta de que la temperatura es más baja y agradable.
Algo interesante de las dunas, es que el color de sus arenas cambia de matices conforme avanza el día y se acerca la noche, la luz del sol que se esconde detrás de las sierras encienden solamente por unos minutos las arenas, dándoles un color de fuego.

Al atardecer y escaparse la luz del sol, las arenas pierden su fulgor y se vuelven grises, pero no menos interesantes, es cuando preparamos el lugar para acampar...

La temperatura no bajó mucho en la noche y pudimos ver las estrellas en un cielo tan negro como los más hermosos que se pueden observar, quietud y oscuridad... desierto y arena...
Al amanecer fuimos recibidos por una simpática perra que andaba vagando por esos lugares, le dimos de comer una rebanada de pan de la noche anterior y gustosa nos acompañó a nuestro recorrido de reconocimiento matutino por las dunas.

Si la tarde anterior no vimos animal alguno en las dunas, en la mañana siguiente nos dimos cuenta de que todos salían en la noche mientras dormíamos... huellas limpiamente marcadas en la arena eran la prueba de la vitalidad del desierto.
Insectos, aves, lagartijas y ratones de monte fueron los protagonistas de la actividad nocturna en las arenas, los médanos estaban marcados por los patrones de sus recorridos.

La experiencia que se vive al explorar la zona de médanos de Bilbao es revitalizante, no hay aire más puro que el del desierto en la noche.

Acampar en las Dunas de Bilbao y poder ver las huellas de lo que pasó la noche anterior es una oportunidad, ya que el viento las borrará a las primeras horas de la mañana y se llevará esos secretos de los animales nocturnos, guardándolos celosamente como lo ha hecho durante muchos siglos...