La Cuesta de las Codornices o "Godornices" como se le llamaba anteriormente, es el remate del conjunto de lomeríos bajos conocido como Lomerío de San José de Peyotes.

Éstos lomeríos tienen una dirección noroeste con una altura promedio de 500 metros sobre el nivel del mar y ésta zona de cañadas representa el límite geográfico de la Región Carbonífera de Coahuila, para dar inicio a la zona de transición con los Cinco Manantiales.

Al ser un paso obligado a la frontera, podemos encontrar datos históricos importantes de éste sitio, como el dejado en el derrotero de Fray Agustín de Morfi a finales del siglo XVIII.
Con mesteñada, Morfi se refiere a los caballos mesteños o salvajes descendientes de aquellos traídos por los españoles a su llegada a nuestro continente, de ahí proviene la palabra mustang.

Próximamente se cumplirán 232 años de la visita de Fray Agustín de Morfi por éstas tierras en su camino a Tejas.

Lo que me gusta de los escritos de Morfi es el detalle en la descripción de los lugares, haciendas y poblados que visitó al final del siglo XVIII en nuestra región norte de Coahuila, su descripción me transporta a otros tiempos, otras texturas y puedo ver, en la condición actual de esos mismos sitios, que Morfi fué un gran expedicionario, con un sentido de observación ejemplar.

La Cuesta de las Codornices está ubicada en el kilómetro 153, sobre la Carretera Federal 57 en su tramo Nueva Rosita - Allende.
Punto de referencia o lugar de descanso, muchos de los que transitamos continuamente por ésta zona le damos un significado especial a la Cuesta de las Codornices, lo cierto es que con sus curvas hacen menos monótono el trayecto a la frontera, donde las rectas son constantes durante largos tramos.

Es un sitio ideal para hacer hiking, adentrarte en sus cañadas y recorrer el área de la Cuesta de las Codornices en la mañana es reconfortante.

Te da energías el respirar un aire tan puro.
Es así que decidimos explorar el área, experimentar lo que alguna vez hizo Morfi hace más de 200 años en su camino a Tejas.
El suelo del área es pedregoso a diferencia de los llanos que la rodean, es aquí donde los matorrales son más densos y las Yucas (Yucca rostrata) predominan el paisaje.

Mientras más nos adentramos, poco a poco se dejan de escuchar los ruidos de los motores de automoviles y trailers en su paso por la carretera, dejándonos solamente los sonidos propios del monte y los aromas de los matorrales que nos dan la bienvenida.

Desde las lomas más altas se tiene una vista general de las amplias llanuras de la Región Carbonífera, desde ahí se alcanza a ver la silueta del volcán Kakanapo, la Chimenea de Rosita y a lo lejos en el horizonte, la Hermosa Sierra de Santa Rosa. Por la noche se pueden ver las luces a manera de velas encendidas de las ciudades hermanas de Nueva Rosita y Múzquiz.

Para poder descender por las suaves lomas de la Cuesta, es necesario usar un quiote a manera de bordón, y no es difícil encontrar uno que pueda aguantar nuestro peso y se acomode a nuestra mano, ya que las lechuguillas y yucas ofrecen buenos ejemplares.
En el suelo pedregoso del lugar es común encontrarte rocas de formas muy ergonómicas, estilizadas y elongadas, como si fueran herramientas. Pero la peculiar forma que tienen es resultado de la erosión, del desgaste natural ocasionado por las variaciones extremas de temperatura.

Las comunidades vegetales están representadas por chaparrales donde predominan lechuguillas, yucas, chaparros prietos, gobernadora, sangre de drago y cenizo, pero cuando entramos a las cañadas y zonas de escurrimientos naturales encontramos bosquecillos de parsimonios tejanos (Diospyros texana).

Éstos árboles perennes alcanzan una altura promedio de 3 metros en el área de la Cuesta de las Codornices y se caracterizan porque su corteza se desprende en delgadas hojas que descubren la suave textura del tronco, realmente encontrar parsimonios tejanos es un alivio, ya que después de caminar bajo el sol durante un buen rato, es refrescante descansar bajo su sombra.
Después de recorrer un gran tramo entre las cañadas de la Cuesta de las Codornices, es hora de regresar.

Mi perra y yo nos hemos alejado de la carretera lo suficiente para sentirnos completamente alejados de todo, aunque ella no lo nota porque la curiosidad es una de sus cualidades, aceleradamente se acerca a los matorrales para detenerse repentinamente a otear el ambiente y en alerta descifrar cada ruido o chisquido que se presenta.
El explorar los lomeríos de la Cuesta de las Codornices, el hecho de encontrarnos con natura y con nuestra historia nos ha dejado una muy grata experiencia.

A pesar de ser un paso muy transitado por cientos de automóviles diariamente en la carretera federal 57, pudimos encontrar tranquilidad y apreciar los hermosos paisajes que nos ofrece la Cuesta de las Codornices.

Tan sólo cruzando una cerca.