esde niño he sabido de la existencia del tlacuache en mi Región Carbonífera de Coahuila, y aunque pocas veces lo he visto, recuerdo muy bien su silueta nocturna cruzar lentamente por alguna calle tranquila.

El tlacuache es diferente a otros animales nativos de nuestra región y es también de los más incomprendidos, muchos aún creen que es pariente de las ratas solamente por su apariencia al tener una cola casi desprovista de pelo y por lo mismo piensan que es un animal nocivo.

Nada más alejado de la realidad.

Lo único que las ratas y el tlacuache tienen en común, es que ambos son mamíferos (como nosotros) y la gran diferencia del tlacuache es que es un marsupial, es el único marsupial con distribución territorial en Norteamérica y en Coahuila somos afortunados al tenerlo como parte de nuestra fauna nativa.

El nombre científico del tlacuache norteño es Didelphis virginiana, este nombre viene del prefijo griego Di=dos y la palabra griega Delphys=útero, haciendo referencia a dos úteros.
Y la palabra Virginiana (latín), que indica que fue en este lugar de los Estados Unidos, Virginia, en donde se hizo la primera clasificación científica del tlacuache.

Aunque el tlacuache está muy bien adaptado e identificado en nuestro norteño territorio, en realidad su origen evolutivo no se dio en estas tierras.

Es un marsupial que evolucionó de manera independiente en Sudamérica cuando esta gran masa de tierra estaba separada de lo que sería el bloque territorial de Norteamérica.

Fue hasta hace aproximadamente 5 millones de años en el período del Plioceno con el surgimiento del Istmo de Panamá cuando se inicia el gran intercambio biológico en América: animales que evolucionaron en el norte se dirigieron al sur y animales del sur se internaron en Norteamérica, entre ellos el marsupial antepasado del tlacuache.
Y triunfó en nuestro territorio ya que posee una gran capacidad de adaptación. Es un animal omnívoro, se alimenta tanto de frutos, semillas, aves, pequeños mamíferos, insectos y hasta de carroña, no es especialista por lo que no depende de un alimento en particular, es más que todo un oportunista lo que le garantiza mayor adaptabilidad en ambientes cambiantes.

Se ha habituado con facilidad al entorno humano donde puede encontrar comida fácilmente, es común encontrarlo merodeando los botes de basura en busca de algo para comer (como en la Villa de San Juan de Sabinas), aprovecha techumbres para hacer su hogar cuando está dentro de la mancha urbana pero en la naturaleza usa los huecos de los árboles o madrigueras abandonadas para protegerse.

Prefiere los lugares con corrientes de agua cercanas y de vegetación arbustiva o arbolada dominante.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer de cerca un hermoso ejemplar de tlacuache, mi amigo el Profr. José Luis Castillo encontró y atrapó uno que se escabulló en el patio de su casa en una oscura madrugada, se dio cuenta de su presencia por el escándalo que estaba haciendo su perro, que alterado ladraba hacia donde se escondía el temeroso tlacuache.

José Luis me comentó que sus vecinas se habían dado cuenta de que "un animal" había entrado a su casa, pero como estaba oscuro no supieron que era, cuando identificaron al tlacuache empezó el griterío y hasta se escuchó que alguien exclamó con euforia "¡vamos a pescarlo para hacerlo cena!".
En el momento esa expresión parecía extraña, pero nos podemos encontrar que este animal también forma parte de la gastronomía local, por lo que después no parecía tan desubicada la expresión.

(1) fotografía cortesía: Profr. José Luis Castillo González
Mi amigo lo atrapó para evitar que su perro le hiciera daño o que lo pudieran atropellar. No le esperaría muy buen futuro a un animal como el tlacuache dentro del área urbana, tan llena de peligros y amenazas.
Lo mantuvo en la cochera de su casa toda la noche dentro de un armazón de madera, por la mañana se decidiría el mejor lugar para reubicarlo.

A la mañana siguiente me cuenta a detalle lo sucedido y me invita a conocer al tlacuache para así decidir el lugar de su reubicación. Yo me emocioné porque era una buena oportunidad de ver un tlacuache de cerca, son animales muy elusivos y de hábitos nocturnos que lo hacen difícil de observar en su ambiente natural.

Después de pensar lugares posibles para su liberación, nos decidimos por llevarlo a la Villa de San Juan de Sabinas, sitio donde abundan arboledas y que además está cruzado por acequias que lo hacen un lugar perfecto para el desarrollo del tlacuache, además estos animales son comunes en la Villa de San Juan de Sabinas, sus habitantes están familiarizados con su presencia.
Transportamos al tlacuache dentro de una caja grande de cartón, la Villa de San Juan de Sabinas está ubicada a 10 kilómetros aproximadamente al oeste de Nueva Rosita, por lo que nos aseguramos de no estresar demasiado al marsupial, haciendo un trayecto de 15 minutos solamente.

Decidimos liberarlo en un predio privado donde se encuentra un bosquecillo de árbol de palo blanco y fresnos, atravesado por una acequia cuyas aguas vienen directamente del Río de las Sabinas, en este lugar con seguridad podría continuar su vida de una manera más estable.

José Luis traía unos guantes de uso rudo en color rojo, pues tenía que ser cuidadoso al manejar al tlacuache, no es que sea un animal naturalmente agresivo, pero se deben tomar las precauciones necesarias.
Al abrir lentamente la caja pude ver al interesante marsupial, sus ojos fueron los que llamaron de inmediato mi atención, eran grandes y de color oscuro en su totalidad, tenían un brillo casi infantil.

El tamaño del marsupial era casi el mismo al de un gato grande, su pelaje desaliñado era de un color grisáceo, parecía despeinado.

Sus bigotes eran largos y de color blanco, su cola aparentemente desnuda se escondía entre sus patas traseras.

Al estar dentro de la caja y sentir que íbamos a tomarlo, de inmediato se hizo hacia atrás y empezó a gruñir y a bufar, abrió el hocico de manera amenazante mostrando las hileras de agudos dientes en una actitud claramente defensiva. Se sentía acorralado.
Hay que señalar que esto es solamente una jugada del tlacuache, en realidad no es agresivo ni morderá a la primera provocación, su defensa natural es la huída y cuando ve la posibilidad, se tira al suelo haciéndose el muerto, táctica muy característica de este marsupial, engañando a sus depredadores.

José Luis tomó al tlacuache del lomo con mucho cuidado y con la otra mano sostuvo la cola, así lo pudo sacar de la caja, el animal estaba ansioso y al colocarlo en el suelo de inmediato huyó y lo hizo muy rápido, contrario a lo que pensaba que los tlacuaches eran torpes en tierra. Casi no me dio tiempo de preparar la cámara, debía seguirlo hasta donde pudiera.
El tlacuache se escondía entre los matorrales y ramas secas de huizache tratando de ocultarse de nosotros, subía, se escabullía, volvía a salir y se ocultaba de nuevo… no podía deshacerse de nuestra mirada curiosa.

En un momento desesperado, el tlacuache se metió a la acequia ante nuestra sorpresa, no esperábamos que lo hiciera y nos dimos cuenta de que es un muy buen nadador nato, nadando "de perrito" se fue por en medio del cauce avanzando unos 5 metros y se acercó a la orilla, se sacudió el exceso de agua en el pelaje, como si fuera un perro recién bañado y corrió apresurado hacia el bosquecillo de Palo Blanco.

Ya no pudimos seguirle el paso y solamente observamos que subió hábilmente por el tronco de un árbol, su cola se había transformado en una extremidad de apoyo y equilibrio en las alturas.
Poco a poco se perdió entre el follaje y de ahí no bajaría hasta que nos alejáramos. Había tenido suficiente de nosotros.
Nos retiramos de la Villa de San Juan de Sabinas con la tranquilidad de saber que habíamos dejado al tlacuache en un lugar con mejores condiciones para su desarrollo, lejos de las amenazas de la ciudad, donde con seguridad habría sido atropellado o atacado por mascotas como lo perros.

Fue una muy grata experiencia, el tener contacto directo con la fauna nativa de nuestra región es algo enriquecedor, y la gran oportunidad de conocer al único marsupial de Norteamérica sabiendo que somos afortunados al compartir con él nuestro territorio.

Hicimos nuestra buena obra del día al liberar el tlacuache en la Villa de San Juan de Sabinas.
Por: Rodolfo López