En un paraje cerca de Acatita de Baján, que era paso obligado para llegar a la Monclova, el 21 de Marzo de 1811 fué capturado un gran contingente rebelde cuyo destino era abastecerse de armas en Estados Unidos. En ese lugar fueron hechos prisioneros Ignacio Allende, Miguel Hidalgo y Costilla, Mariano Jiménez y Juan Aldama, cabezas del movimiento insurgente en la Nueva España.

Para esa fecha, los insurgentes venían victoriosos de Saltillo, pero debían mantener vivo el movimiento, por eso su objetivo era llegar a Estados Unidos para obtener ayuda.

No sabían que el gobernador insurgente recién nombrado, el brigadier Pedro Aranda, había sido hecho prisionero en Monclova y la plaza ya estaba tomada por quienes veían una amenaza a sus intereses al estallar una revolución rebelde.

Así que planearon una contra-revolución.

Haciendo creer al Gral. Jiménez, que en la capital Monclova los esperaría ayuda y una gran simpatía a su causa.

El más importante aguaje entre Saltillo y Monclova estaba en las norias de Baján, así que los simpatizantes realistas norteños aprovechando su conocimiento del terreno, planearon una emboscada en una loma cerca de Baján.

Aconsejaron al Gral. Jiménez que la llegada del contingente fuera por partes para dar oportunidad al aguaje reponerse.

Así lo hicieron, y poco a poco ese mismo dìa fueron hechos prisioneros la mayoría, dando un total aproximado de más de 1,000 insurgentes capturados, los líderes de los rebeldes fueron llevados prisioneros a la Monclova, para después ser enviados a Chihuahua donde serían fusilados.

Al enterarse los grandes hacendados de Coahuila, que el ejército insurgente estaba en Saltillo, decidieron poner en marcha la contrarevolución.

Los hacendados Sánchez Navarro pusieron armas, dinero y todo el apoyo necesario para llevar a cabo el plan.
Se decidió que enviarían espías fieles e incondicionales a adentrarse en las filas insurgentes para informar sobre sus avanzadas, fingiendo ser partidiarios de la causa.

La encomienda de los espías era ganarse la confianza de Allende y Jiménez, alentándolos que viajaran a Tejas, pasando por Monclova y ordenar la retirada de 150 soldados rebeldes de Monclova a las norias de Baján, así los rebeldes estarían obligados a acampar ahí.

La misión de los espías rindió frutos pues enviaron noticias de que el ejército insurgente saldría de Saltillo el 17 de Marzo.

Con éstas noticias la conspiración realista tomaría forma de inmediato.
El mismo 17 de Marzo, el Capitán Ignacio Elizondo quien era parte de la contrarevlución, tomaría Monclova.
Lo cuál no fué difícil, pues aprovechando que el gobernador Pedro Aranda gustaba de los excesos con el alcohol, por medio de engaños lo llevaron a unos caseríos fuera de la ciudad donde lo entretuvieron con pláticas y mucho alcohol.
Para cuando Elizondo llegó al sitio, el gobernador ya estaba totalmente embriagado, haciendolo prisionero junto a sus soldados.

Era necesario no alertar a los insurgentes que venían de Saltillo, así que los monclovenses se aseguraron buscando en los alrededores de que no quedara ningún rebelde que enviara la noticia de la captura del gobernador.

Para el 20 de Marzo, el Capitán Elizondo ya tenía campamento cerca de Baján, con la ayuda de voluntarios, soldados, y personal de las haciendas cercanas, así como de algunos indios mezcaleros y comanches, preparandose para capturar a los insurgentes.

Esa misma noche, se recibieron noticias por parte de los espías que los insurgentes se encontraban a tan sólo 16 kilómetros de Baján y sus condiciones eran tan deplorables que parecía más una caravana de refugiados que un ejército... aún así ésta caravana insurgente se extendía a lo largo de 24 kilómetros en el desierto.

Por medio de un oficial insurgente desertor de las fuerzas de Monclova, se hizo llegar una carta al Gral. Jiménez, haciendole creer que en Monclova los esperaría la gente gustosa y se le festejaría con vallas su llegada.
Además, se le recomendó que los contingentes llegaran a las norias de Baján por partes para asegurar el abastecimiento de agua, ya que también, una fuerza de 150 hombres de apoyo estarían en Baján como anteriormente se había aconsejado.

El Gral. Jiménez confió.

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Poco a poco fueron cayendo los insurgentes, sorprendidos muchos de ellos, no mostraron resistencia y de inmediato eran conducidos a Baján.

En el quinto carro del contingente venía Ignacio Allende y Mariano Jiménez.

Al ordenarles rendirse en nombre del Rey, Ignacio Allende sacó su pistola y disparó, los realistas reaccionaron descargando fuego, causando la muerte del hijo de Ignacio Allende y de un ayudante rebelde.

Jiménez reclamó indignado que esa no era la forma de dar la bienvenida a un General, en ese momento, un realista le contestó que ellos no sabían nada y si querían explicaciones, "...le puede preguntar a Elizondo".

Ya sólo les restaba capturar a Miguel Hidalgo, quien venía a caballo al frente de unos 40 soldados.
Lo dejaron adentrarse a la valla de los realistas.

Al estar cercado, un oficial realista le ordenó que se rindiera. Hidalgo sacó su pistola, pero vió que era inútil, los realistas tenían dominada la situación.
Al final de la jornada, los realistas al mando del Capitán Ignacio Elizondo, habían capturado a los principales líderes del movimiento insurgente de la Nueva España y hecho prisioneros a más de mil soldados, tomado 24 cañones, abastecimientos, equipo militar y más de un millón de pesos en plata y monedas.

El 22 de Marzo fueron llevados a Monclova, los prisioneros fueron conducidos por grados militares, los líderes insurgentes fueron transportados en coches y el tesoro iba en mulas.

Ante éste hecho, el 20 de Junio de 1811, el Comandante General de las Provincias Internas aprobó que 54 militares participantes portaran en la manga izquierda, una estrella con la leyenda: "VENCEDORES DE BAJÁN".